TSUNESABURO MAKIGUCHI

Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944) fue un educador, escritor y filósofo. Fundó la Soka Kyoiku Gakkai (antecesora de la Soka Gakkai) en 1930. Como educador, Makiguchi se opuso férreamente a las autoridades represivas del Japón y a la prácticas pedagógicas de la época, con el ideal de introducir en la enseñanza enfoques más humanísticos y centrados en el bienestar del ser humano. A raíz de ello, fue forzado a retirarse antes de tiempo de la carrera educativa, y posteriormente, fue enviado a prisión por oponerse a la política del régimen militarista. Murió en presidio a causa de la desnutrición, a la edad de setenta y tres años. Sus teorías educativas humanísticas han adquirido reconocimiento internacional de manera póstuma.

Principios educativos

Durante la mayor parte de su vida, Makiguchi se ocupó de la reforma del sistema educativo japonés que, a su entender, no fomentaba el pensamiento independiente, la creatividad y la felicidad de los alumnos. Él creía que la educación debía estar al servicio de las personas en lugar de satisfacer las necesidades del estado. Sus ideas pedagógicas y su teoría de la creación de valores (soka) que forma la base de su filosofía, se exponen en su obra de 1930, titulada Soka Kyoikugaku Taikei (Sistema pedagógico para la creación de valores). Las perspectivas de Makiguchi contradecían categóricamente la política del gobierno militarista, que priorizaba el adiestramiento de individuos que se subordinaran sumisamente al estado. 

Revolución religiosa

En 1928, a la edad de cincuenta y siete años, Makiguchi conoció el budismo de Nichiren, y encontró en su planteamiento holístico una perfecta coincidencia con su propio pensamiento. Dos años después, él y su colega Josei Toda, fundaron la Soka Kyoiku Gakkai (Sociedad Educativa para la Creación de Valores), antecesora de la Soka Gakkai y la SGI. Originalmente conformada por un pequeño grupo de docentes dedicados a la reforma educativa, la Soka Kyoiku Gakkai se fue convirtiendo gradualmente en una organización con un gran número de miembros dedicados a la propagación del budismo. Todo partió de la seguridad cada vez mayor de Makiguchi y de Toda de que la filosofía de Nichiren –con su énfasis en la transformación de la sociedad a través de la transformación del individuo— era el medio para lograr la reforma que habían tratado de consolidar a través de la educación.

Arresto

Mientras tanto, el gobierno japonés que estaba embarcado en una agresiva campaña bélica impuso como religión nacional el sintoísmo, como medio de inducir el nacionalismo y la adoración al emperador. Las autoridades se mostraron intolerantes ante cualquier oposición. Makiguchi se negó firmemente a esa actitud represiva. En 1943, él y Toda fueron arrestados y encarcelados. Hasta el final, Makiguchi no aceptó transigir en sus convicciones y murió en la cárcel por desnutrición en 1944.

JOSEI TODA

Josei Toda (1900-1958) fue un educador, editor y empresario quien, como segundo presidente de la Soka Gakkai, reconstruyó dicha organización budista luego de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndola en un dinámico movimiento de base civil.

Encuentro con su mentor

Nació en Hokkaido, una isla septentrional del Japón, y se mudó a Tokio cuando tenía poco más de veinte años. En la capital, Toda encontró un puesto de maestro en una escuela cuyo director era Tsunesaburo Makiguchi. El joven quedó impresionado por la filosofía pedagógica de Makiguchi, quien pronto lo acogió como su discípulo. En 1928, Toda siguió a Makiguchi en la decisión de aquel de practicar el budismo de Nichiren. Más tarde, ambos fundaron la Soka Kyoiku Gakkai, antecesora de la Soka Gakkai.

Encarcelamiento

En 1943, Toda y Makiguchi fueron arrestados y enviados a la cárcel por oponerse a las políticas del gobierno japonés, cuyas autoridades militaristas iban aumentando su control sobre la población y suprimiendo cualquier forma de oposición. En la cárcel, Toda se dedicó a la práctica y al estudio del budismo de Nichiren, y logró adquirir una profunda comprensión de dicha doctrina. Sus esfuerzos le permitieron percibir que la Budeidad es un potencial inherente a toda vida y ahondaron su confianza en que todas las personas podían manifestar esa condición iluminada a través de practicar las enseñanzas de Nichiren.

 

La reconstrucción de la Soka Gakkai

Una vez liberado de prisión, a fines de la Segunda Guerra Mundial, Josei Toda comenzó a reconstruir la Soka Kyoiku Gakkai, a la que le cambió el nombre por el de Soka Gakkai (Sociedad para la Creación de Valor). Toda postulaba que, a través de la práctica del budismo y de un cambio interior del individuo o “revolución humana”, todas las personas podían transformar su destino para bien. Ese mensaje –que trasladaba los profundos conceptos budistas en una guía práctica para la vida cotidiana— resonó entre numerosas personas que estaban en la pobreza o sufrían de enfermedades y otros padecimientos, en medio del caos de posguerra, instilándoles valentía y esperanza. Como resultado de aquella difusión extraordinaria del budismo, ya en 1958, año del  fallecimiento de Toda, la Soka Gakkai se había desarrollado en una organización de casi un millón de miembros. 

Legado de paz

Josei Toda es también recordado por su postura inflexible en contra de las armas nucleares, que él definió como el mal absoluto que amenaza el inalienable derecho de las personas a la vida. Por ello, exhortó a los jóvenes miembros de la Soka Gakkai a trabajar por la abolición de dichas armas. Su posición al respecto, que él proclamó públicamente el 8 de septiembre de 1957, es la base de las actividades de la SGI por la paz. En honor a los ideales de Toda, su sucesor, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, fundó el Instituto Toda de Investigación sobre la Paz Global. La entidad congrega a investigadores de la paz, activistas comunitarios y especialistas de órganos internacionales y legislativos en la elaboración de proyectos relacionados con la construcción de la paz y el diálogo entre civilizaciones. 

 

Declaración para la abolición de las armas nucleares de Josei Toda

"Quisiera ahora compartir con ustedes lo que espero consideren la más fundamental de mis instrucciones para el futuro. Como vengo sosteniendo desde hace tiempo, serán los jóvenes los que deberán asumir la responsabilidad de los próximos tiempos. Hoy quisiera expresar claramente mis sentimientos y mi posición en lo que respecta a los ensayos de las armas nucleares, una cuestión que es motivo de encendidos debates en toda la sociedad. Espero que, como discípulos, hereden la declaración que hoy estoy a punto de efectuar y que, dando lo mejor de ustedes mismos, propaguen su propósito por todo el mundo. Si bien ha surgido alrededor del globo un movimiento que reclama la prohibición de las pruebas con armas nucleares, es mi deseo ir más allá y atacar el problema desde la raíz. Quiero dejar al descubierto y arrancar las garras que se ocultan en lo más profundo de esas armas.

»Quiero declarar que cualquiera que se aventure a usar un armamento nuclear, sea cual fuere su nacionalidad, provenga de un país vencedor o derrotado, debería ser sentenciado a muerte sin excepción. ¿Por qué digo esto? Porque nosotros, los ciudadanos del mundo, poseemos el derecho inviolable a la vida. Cualquiera que ponga en peligro ese derecho es un demonio, un monstruo. Propongo que la humanidad aplique, en cada caso, la pena de muerte a toda persona responsable por el empleo de armas nucleares, aunque esa persona pertenezca a lado ganador.

»Aun cuando un país conquistara el mundo mediante el uso de armas nucleares, los conquistadores deben ser considerados demonios, la encarnación mismísima del mal. Tengo la certeza de que la misión de cada miembro de la División de Jóvenes del Japón es diseminar esta idea por todo el orbe."

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